Encerrado en aquella habitación, el tiempo y la distancia ahora inexistentes en su vida hacían que todo el dolor que sufría no fueran sino una forma más de pasar el rato, una afición a la que sacarle provecho. Horas y horas, libretas y libretas, sus garabatos en el papel eran lo único que le distraían de desaparecer un fin de semana, como hace años... bajo esas líneas escritas con tinta china se ocultaba una navaja de doble filo que un desamor había clavado en su pecho, y escribir era la puerta hacia ese mundo de los sueños del que le habían hablado tanto...
Fue una noche, en aquel antro oscuro que frecuentaba, donde aquella noche encontró en su mirada una luminosidad que le despertó del letargo en el que se había sumido con los sonidos de la música progresiva maltratando sus oídos. Se presentó con tímidas palabras y sonreía como un tonto.
Tras ese día, horas de café y profundas charlas en las que le aconsejaba sobre lo poco que sabía de la vida. Para él ...pobre iluso... esos días que parecían años habían hecho brotar una semilla que se retroalimentaba del cúmulo de sensaciones que estaba empezando a sentir. En esas tardes hablaban de todo con la confianza que deja el sabor del vino... sus miedos, sus ilusiones, las pasiones y el futuro, el pasado… Cada momento con ella significaba el contar las horas que restaban para su próximo encuentro.
Ahora ella era su musa. Su cuaderno se había convertido en un soliloquio de poemas dedicados a ella y sólo a ella. Escribía canciones que sólo se atrevía a cantar en silencio por el miedo de que el eco de su voz llegara a sus oídos por culpa de un viento traidor. Conspiraba con miles de versos ...muchos de ellos sin ningún sentido de la forma... cómo sería ese amor que palpitaba en su cama cuando se acostaba. Le estaba consumiendo. Sus únicos momentos desocupados los había dedicado a componer una obra maestra que nunca daba por acabada. Una historia que no terminaba de encajar, un rompecabezas cuyos personajes eran él y ella, y nadie más tenía un papel en este teatro de los sueños... casi nade más...
No sabía por qué, pero esta sensación amarga con intenciones de dèjá vu le era tan familiar que no debería maltratarse por ello. No tenía que acobardarse y sentirse culpable por un crimen que no había cometido. No, no era su problema. Había hecho todo lo que estaba de su mano por vivir un cuento de amor que no había tenido un final feliz... durante demasiado tiempo...
Aquella noche, por fin, había escrito en unos pocos versos todo lo que le quedaba por soñar. Había escrito una historia con tinta olor a vino y rosas... mi derrota?... su derrota...
Las derrotas del amor ¿existen?? el que siente más fuerte, el que ama durante más tiempo, el que sabe querer mejor,de verdad pierde?, no lo creo.
ResponderEliminarUn bico y feliz cumpleaños, disfrutalo a tope:)