Recuerdo pocas cosas de entonces, pero a ti te recuerdo. Tenías las manos siempre frías y olvidabas con facilidad, con el atractivo que eso podía suponer para alguien huerfano de sentimientos, al que tampoco le importaba borrar el pasado. Me mirabas distinto a las demás, sin prejuzgar, sin perdonar, no dabas importancia a la evidente cojera del lado del corazón, ni al temblor de la boca al hablar y eso era algo grande para mi, algo que nunca entendí, y que nunca quise relacionar con la compasión. Nadie nos podía asegurar que los besos supieran bien. Había que intentarlo, había que meterse en el charco, para acariciar el barro, y de paso sonreírle a tus labios. No puedo jurar a qué supo el primer beso, pero sé que los siguientes no dolieron. Todo parecía azul aquellos días, y tu decías que no, que era negro, pero que dolía tan bien..Nunca más volvimos a hablar de colores, solo de dolor. Creíamos en las estrellas -hay que creer en algo, aunque no exista-, pero odiabamos los Carnavales. Los días pasaban rebeldes sin seguir el orden del calendario, y las estaciones no tenían parada en nuestro andén de cartón. Carretera y balas de fogueo, para disparar al cielo, sin herir a nadie. Nunca había nadie al otro lado. Me ahorré un montón de agradecimientos .
Ahora olemos a perfume barato de autoservicio, y ponemos el tocadiscos por las noches. Las escaleras ya no saben subir, es caída libre. Los sobres vienen llenos de promesas sin cumplir, y sin excusas. Nosotros solíamos decir aquello de "mañana más", y ahora el mañana no existe, ni tú, ni yo. Yo te tocaba el labio para pedirte perdón, y tú dibujabas sombreros en la pared para evitar la lluvia. Ya no llueve, nunca llueve. Solo nosotros. Esperabamos pequeños milagros, sin tener en cuenta la soledad. Nada valía una lágrima, y a pesar de ello, llorabamos frecuentemente. Un día cualquiera, algo empezó a doler por dentro, y tú te borraste del mapa. Yo miraba flores en los parques, pensando que eran canciones, y no. Los espejos de la casa, dormían de cara a la pared, y estaban rotos. No quería verme, ni que me viesen ellos. Volviste a mediados de agosto, de vacaciones, para robar y matar en el barrio, y desnudarte en la ventana detrás de las cortinas. Yo seguía pensando en ti, creo. Tu ropa campaba a sus anchas por la casa, y yo cada vez salía menos por temor a encontrarte de nuevo. Tenía miedo de mi. Llamaste a la puerta, yo estaba escribiendo una redacción sobre las chicas de mi vida, y el porque. Me caí. Me colgaste. Y te comiste el corazón con doble de alevosía.
Ya he perdido la cuenta..y ahora...
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