Un ángel enfadado me enseñó una vez que el deseo no muere jamás, no desaparece, tan sólo cambia la forma de entenderlo, tan sólo cambia su nombre o la forma en que lo pronunciamos...
Como siempre me vi arrastrando mis ideas por la acera de una calle cualquiera, de una ciudad cualquiera de mi mundo, allí donde encuentro las historias, doblando una esquina, respaldado por los primeros rayos de sol de un domingo que me ciegan la mirada y aún así puedo ver mis pasos...aún así consigo ver mis zapatos gastados...
Las tumbas, ya sin musica, soltaron su dosis de sueños interrumpidos sobre nosotros, nos nublaron los sentidos, nos digeron verdades a medias, mentiras a medias, besos a medias, noches a medias...
Y ahí, en la calle, en ésa calle cualquiera, cada persona se vé como un actor, una estudiante, un poeta, una bailarina, un soldado, cualquier condición de la vida humana, miran, compran, venden, hablan, no ven...
Me lo enseñó un ángel...ella era tan bonita que el amor no se atrevió a elegirla como víctima, lo supe al instante y no me importó quemarme cada noche...salía a buscarla mientras jugaba con los duende que saltaban por aquel bosque de hormigón, con mi felicidad a medias, con la nostalgia de algo que no iba a ser amedias...cosa rara la nostalgia...
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